El Transporte Público
Mucho se habla de las excelencias del transporte público en esta santa ciudad que es Madrid, pero a mí no me convence. Tantas personas juntas en un espacio cerrado es algo que me pone muy nervioso. Cada vez que voy en metro o en autobús, siempre miro a la gente a mi alrededor y busco los posibles freaks que puedan causar problemas. El otro día me vino a la cabeza una idea…
Veréis, cada vez que montas o sales de uno de esos aparatejos de transporte, puedes leer que todo está siendo monitorizado y que cualquier ofensa será inmediatamente reportada a la policía u otro órgano competente de las fuerzas de seguridad del Estado. Perooooo…¿Cuál sería la situación si alguien comenzara a masturbarse en público? Porque yo sí sé las consecuencias de fumar en el bus. Alguien vendría y empezaría a toser a tu lado, para luego decir: “¡Hey! ¡Que el aire es de todos!” Y yo, como no quiero causar problemas, tiraría el cigarrillo como buen ciudadano. Pero, ¿y si miro hacia la derecha y veo un pavo dándole al manubrio delante de todos? ¿Le dirían algo? Seguramente no…Flop, flop, flop…¡Oh, Diox!...flop, flop, flop y todo el mundo mirando pasmado.
Yo creo que sería el único en el bus que le diría algo…y no es porque sea muy valiente, ¿sabéis? Es que, con mi suerte, seguramente me tocaría el asiento de al lado. ¡TENDRÍA QUE DECIRLE ALGO! :
Flop, flop. flop…“Venga, tío, para. Me estás dando el codo todo el rato”…flop, flop, flop
Eso es lo que diría. No creo que pudiera decirle más. Alguien que se masturba en el metro…hay algo raro y peligroso con ese cabrón, seguro. No querría provocarle mucho.
Y seguro que, en cuanto le dijera algo, todos los inútiles que comparten conmigo el transporte dirían algo:
Flop, flop, flop
“Tiene razón”
Flop, flop, flop
“Vuelva a metérsela, por favor”
Flop, flop, flop
“¡No quiero verlo, no quiero verlo!”
Y ahora es cuando el loco explota. “Muy bien, gente. ¡Atrás, atrás! ¡Echaos p’atrás, joder!” -Flop, flop, flop- “¡He tratado de ser amable, pero así no se puede!”
Y todo el mundo se cagaría de miedo. “¡Oh, Diox! ¡Es un ataque biológico! ¡Como en Tokio! ¡OOOOOH!” Pero yo estaría en medio, no podría perder la calma. “Hey, gente. Calmaos de una puta vez. ¡Vais hacer que me disparen! Asique mantengamos la calma, hagamos lo que este tío dice y nos dejará en paz”.
Ahora seguro que todo el mundo se callaría.
Flop, flop, flop…”Eso está mejor” Flop, flop, flop “ESOoOOo estaaaAaaa mejOOoooOoooOOr..ummm” –diría el loco, caminado arriba y abajo por el pasillo del autobús o metro, aterrorizándonos, con cara de colgao, dándose la vuelta rápido por si alguien le sigue. Y después empezaría con las demandas- Flop, flop, flop…”¡Tu! ¡Sí, tu, la de las domingas gordas! ¡Menéalas!”. “Oh, Diox, no, no” –squeez- Flopflopflopflopflop “¡AaaaAAaaah! ¡Síiii!”
“¡Tú! ¡Métete un dedo en el culo!”. “Oh, Señor, oh, Señor, ¿porqué está pasando esto?” –chooooof p’adentro- Flopflopflopflopflopflop.
Y el cabrón seguiría, viniendo hacia mí. Y vería cómo estaría a punto de soltarla carga. Lo vería en su cara de loco. “¡AaaaAAAaaaAAAaaaGGGgggHHHHhhh!”Y la peña se asustaría y empezaría a correr al grito de: “ ¡Rápido! ¡No puede descargar en todos nosotros!” Eso acabaría con las últimas fuerzas del loco, soltando un jugo de pelotas que saldría disparada como una bala hacia mí. Pero yo, con mi entrenamiento en películas de acción, lo esquivaría como en Mátrix. Esa cosa acabaría impactando en otro señor, calvo por supuesto, que comenzaría a gritar: ¡AAAAAAAHHH!” –CHOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOFFFFFF-
No le mataría, pero tampoco estaría seguro de que ese hombre quisiese vivir mucho más después de tamaña experiencia.
“¡Quema, quemaaaaaa! ¡Aaaaaaahhhhh! ¡Aaaaaaahhhh! ¡Me va a pegar el SIDA! ¡Lo sé, lo sé!”. Y, claro, con toda la peña saliendo, tendría que decirle algo. “¡Cálmese, joder, cálmese! ¡Que un puto loco, probable cocainómano chupa-pollas-por-coca se haya corrido encima suya no quiere decir que le haya contagiado! ¡Eso pasa todos los días en muchas ciudades del mundo!”
E incluso el perturbado se sentiría mal: F…l…o….p…F….l….o….p.
Pero, bueno, tampoco vamos a exagerar la inmundicia que te puedes encontrar viajando en el transporte público. Que no somos andaluces, ¿verdad?.