Ah, las bibliotecas! Centros del saber mundano y marrano. Qué bonito es pasearse por sus pasillos llenos de libros que casi nunca salen de sus estanterías, conversar con sus siempre simpáticos empleados y empaparse de la cultura que rezuma en tan gran espacio. Siempre ha sido un placer y un deber -sobre todo si te quedan asignaturas para Septiembre- acudir a esos centros de conocimiento.
Pero de un tiempo a esta parte, he comenzado a notar que no todo es lo que parece en las bibliotecas. A saber, uno se encuentra relativamente concentrado estudiando lo que quiera que sea que te dió por elegir a principio de curso y que después descubriste que era un poco dificil de aprobar; con todos los sentidos puestos en memorizar cada letra, palabra, signo de puntuación y espacio para después relatarselo al profesor de turno y olvidarlo en la subsiguiente fiesta. Ahí, en esa situación, es cuando....cuando...se escucha el terrible sonido: 'Clonk, clonk' Es un sonido que indica, hasta para el más profano, la proximidad de uno de los habitantes más comunes de las bibliotecas, sean extremeñas o españolas...
Al percibir el sonido, uno se pone tenso, porque, en el relativo silencio que impera en las bibliotecas, ese sonido retumba por todas partes...'clonk, clonk'...y se va acercando, pero nadie quiere alzar la chola para ver el espectaculo de su pasar. Cuando ya crees que no puedes más, levantas la mirada y allí esta, altiva, orgullosa de hacer un puto ruido de mil demonios con unos tacones que, bien mirados, se parecen a los que llevan las personas que trabajan en la Casa de Campo -sí, las que cobran-. El ruido se acerca, las miradas confluyen y al final ves a ese habitante de los pasillos, ¡la pija con tacones de 30 cmtrs!.
Este especimen, en su habitat natural, no puede permanecer quieta más de 15 minutos en un mismo sitio, necesita de reconocimiento social, y he aquí el porqué de sus largas migraciones de pasillo a pasillo de la biblioteca, dejando claro que ella está allí, a base de joder el suelo con los tacones.
Pero ahí no acaba la cosa. Ese especimen también cubre sus vergüenzas con ropas de calidad, tipo CK o H&M, y, orgullosa de ello, mueve el trasero o las berzacas para que todo el mundo pueda ver el distintivo de la marca. Ello me ha llevado a pensar a que estos seres, en realidad, son personas contratadas por las grandes firmas de ropa para anunciar sus productos, haciendo de los tacones el medio necesario para que la gente se fije en ella. Un método cruel de distracción, pero bastante efectivo.
Si por mi -y por muchas otras personas que conozco-fuera, se abriría una caza de estos curiosos habitantes de las bibliotecas, pero parece ser que dejarlas pasar por tu lado, levantarte, agarrar la silla y estamparsela en la cabeza al grito de: '¡Tengo uno, tengo uno!' no está permitido. Debe haber una especie de protección sobre estos especimenes, la cual no fuera de extrañar que hubiera sido impuesta por las ya mencionadas marcas benefactoras.
En fin, que los pobrecitos señores y señoras que, con esfuerzo, van a los centros del saber a ver si se les pega algo de conocimiento, van a tener que seguir aguantando las idas y venidas de las pijuelas sin que nada se pueda hacer por remediarlo.
¡Por unas bibliotecas libres de ruido!
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1 comentario:
Estoy completamente de acuerdo contigo felix!! Grandioso monologo te has marcado!!
No ves, por eso me va siemrpe tan mal en septiembre, me paso tol verano en las bibliotecas!! Putas firmas de ropa,...ahi os pudrais!!
Solo difiero contigo en la forma de anikilar a estos habitantes de las bibliotecas...........Yo pienso q seria mas efectivo matarlas a polvos!!
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